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Viernes por la tarde. El comercial aparca el coche de empresa, hace la compra, recoge a los niños y el fin de semana se va a la playa. ¿Esos kilómetros son de la empresa o suyos? ¿Y quién debería poder ver por dónde anda un sábado?

La respuesta a las dos preguntas es la misma función: el modo privado/negocio.

Un botón separa el viaje profesional del personal. La empresa cumple con el RGPD y el conductor recupera su intimidad fuera del trabajo.

El lío de mezclar lo personal y lo profesional

Cuando un empleado usa el coche de empresa para asuntos particulares, aparecen dos problemas. El primero es fiscal: hay que distinguir el uso profesional del privado para declarar bien, y hacerlo a mano genera errores y papeleo.

El segundo es de privacidad: rastrear la ubicación de una persona en su tiempo libre choca de frente con la normativa de protección de datos.

Cómo funciona: un botón que separa los viajes

El conductor activa el modo privado con un botón físico, desde una app o incluso de forma programada (por ejemplo, fines de semana automáticamente). Mientras está activo, el equipo deja de registrar la posición: puede enviar las coordenadas como cero o mantener la última ubicación conocida, de modo que el vehículo desaparece del mapa de seguimiento.

Un LED indica en todo momento en qué modo se está conduciendo, para que no haya dudas. Y como la seguridad manda, el modo privado se desactiva solo si el vehículo detecta un remolcado, una desconexión, un impacto o la salida de una zona segura: la privacidad nunca tapa un posible robo.

Privacidad y fiscalidad, en regla

Todo lo que sí es viaje profesional queda en un libro de ruta electrónico fiable. Con esos datos, la empresa genera informes de kilometraje listos para presentar ante la administración, sin cálculos improvisados.

El resultado es un equilibrio difícil de conseguir a mano: la empresa cumple con el RGPD, el conductor mantiene su intimidad fuera de la jornada y las cuentas cuadran con Hacienda.

Qué gana tu operación

  • Cumplimiento del RGPD: se deja de rastrear al empleado en su tiempo libre, tal y como exige la normativa.
  • Fiscalidad sin dolores: el kilometraje profesional queda documentado y listo para declarar.
  • Cero papeleo: el libro de ruta electrónico sustituye a las anotaciones manuales.
  • Reglas claras: conductor y empresa saben en todo momento qué viaje es de quién.
  • Seguridad intacta: ante robo o incidente, el sistema recupera el control aunque esté en modo privado.

Dar coche de empresa no tiene por qué significar vigilar a nadie las 24 horas ni pelearse con la hoja de cálculo cada trimestre. Bien configurado, el modo privado/negocio contenta a todos: a Hacienda, al RGPD y al conductor.

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Jose Miguel Sanchez Monteagudo

Autor Jose Miguel Sanchez Monteagudo

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